lunes, 22 de septiembre de 2014

Cristina

Cristina

Como en cualquier proyecto siempre hay por lo menos dos formas (o tipos ideales) de afrontar las cosas . Por gusto o hasta el agotamiento. Incluso si hubiese optado por la segunda habría sido difícil que, en alguna situación, no hubiese experimentado aquella sensación frustrante de  pensar "Me habría gustado tanto hacer esta foto". 
Me decidí por la primera de las opciones  lo cual, si bien por un lado promueve mi pasión por este oficio como motor de todo el proyecto, por otro…. abre un hueco al coste de oportunidad. El irritante coste de pensar en todas las oportunidades que perdí de fotografiar a personas que me hubiese gustado que estuvieran aquí. Personas que no fotografié porque decidí que el proyecto me debía servir a mí y no precisamente al contrario y, en aquellos días como en tantos otros, había sentenciado que mi felicidad no pasaba por salir de casa cámara en mano. Claro que la ecuación de mi felicidad personal cambió radicalmente en el momento en que vi a Cristina. Por suerte, había acabado de pasar junto a una pareja de enamorados a quienes había expresado mi sorpresa por el equipo que estaban utilizando para hacer fotos y, con la caradura de siempre, volví y les pregunté: ¿Os importa que pruebe vuestra cámara  con Cristina?


(esta y otras imágenes de este mismo momento pueden verse aquí)