lunes, 29 de septiembre de 2014

lunes, 22 de septiembre de 2014

Cristina

Cristina

Como en cualquier proyecto siempre hay por lo menos dos formas (o tipos ideales) de afrontar las cosas . Por gusto o hasta el agotamiento. Incluso si hubiese optado por la segunda habría sido difícil que, en alguna situación, no hubiese experimentado aquella sensación frustrante de  pensar "Me habría gustado tanto hacer esta foto". 
Me decidí por la primera de las opciones  lo cual, si bien por un lado promueve mi pasión por este oficio como motor de todo el proyecto, por otro…. abre un hueco al coste de oportunidad. El irritante coste de pensar en todas las oportunidades que perdí de fotografiar a personas que me hubiese gustado que estuvieran aquí. Personas que no fotografié porque decidí que el proyecto me debía servir a mí y no precisamente al contrario y, en aquellos días como en tantos otros, había sentenciado que mi felicidad no pasaba por salir de casa cámara en mano. Claro que la ecuación de mi felicidad personal cambió radicalmente en el momento en que vi a Cristina. Por suerte, había acabado de pasar junto a una pareja de enamorados a quienes había expresado mi sorpresa por el equipo que estaban utilizando para hacer fotos y, con la caradura de siempre, volví y les pregunté: ¿Os importa que pruebe vuestra cámara  con Cristina?


(esta y otras imágenes de este mismo momento pueden verse aquí)

lunes, 15 de septiembre de 2014

jueves, 19 de junio de 2014

Les dije:

_W2C1486

No vine aquí para hacer fotos pero tenía que hacer esta

lunes, 19 de mayo de 2014

lunes, 28 de abril de 2014

lunes, 7 de abril de 2014

lunes, 24 de febrero de 2014

lunes, 17 de febrero de 2014

lunes, 20 de enero de 2014

Pitti Uomo (Michael, day-by-day)

Michael day 1
Michael day 2
Michael day 3
Michael day 4

Fui por primera vez a Pitti Uomo. Una marca me pidió que hiciese fotos de todo el ambiente. La feria es brutal, hay marcas interesantísimas y visitantes también. Pero confieso que me sentí abrumado por tantas cámaras, lentes y fotografías. Tanto es así que lo que menos me apetecía hacer allí era fotografiar a nadie. Como si todo aquello estuviese, de alguna forma, en las precisas antípodas de momentos como este o aquel. Como si todo aquello desconociese que es posible, de verdad, encontrar gente inspiradora en los sitios más inusuales. En cualquier lugar del mundo donde a quien quiera que abordemos verdaderamente extrañe nuestra petición. Incluso llegando a desconfiar de ella. Pero que después de 30 segundos de conversación y una sonrisa genuina acabe por dejarse fotografiar por un extraño. Cuando vi a Michael junto a aquellas escaleras, pensé que era una de las pocas imágenes que podría haber sido tomada lejos de aquella confusión, de todo aquel bullicio, de toda aquella feria de vanidades con pelos en la cara . Y cuando, al día siguiente, le vi otra vez allí, entendí que todavía quedaban por capturar un par de  momentos más y le dije:
– Creo que resultará difícil de creer pero tus fotografías son las únicas que quiero para mi blog.
Sólo él, en cada uno de los días que la feria duró. Sin pompa, ni circunstancia, ni la más leve edición. Sin esperar siquiera a que desocupasen la escalera. Sólo él, en las escaleras que conducían al stand de la marca de la que forma parte

lunes, 11 de noviembre de 2013

Sin palabras

Speechless


[esta y otras imágenes de este mismo momento pueden verse aquí y, supongo, por aquí también] 

viernes, 25 de octubre de 2013

Probablemente

A camisa oriental

la camisa de hombre mas bonita que jamas fotografié

jueves, 24 de octubre de 2013

El viejo y el lago

O velho e o lago

Quien me conoce sabe bien que no me limité sólo a tomar esta fotografía. Sabe que me subí a la roca. Que enganché a alguien para que me fotografiase en su lugar. Que me fotografiase a mi y a Ilija juntos, en una charla amena, tentando a la suerte como los peces que por allí había, centrados en la parte albanesa del lago. En realidad no creo que Ilija sea viejo. Incluso porque la vejez, al menos hasta cierta edad
- cual instinto de supervivencia – va siempre dos generaciones por delante, lo suficientemente lejos para que nos podamos sentir descansados sin mayores preocupaciones. Porque no somos viejos ni nuevos, somos apenas el centro de nuestro mundo, y es con él como referencia , que lo que quiera que viva o ocurra en este planeta es alto, bajo, gordo, flaco, feliz, triste, inteligente o tonto, clarividente, obtuso, estúpidamente interesante o anormalmente aburrido. E Ilija, aunque técnica y científicamente posible, difícilmente sería mi abuelo. Y, pudiendo ser él mi padre, difícilmente me referiría a él como viejo. Porque los viejos, por definición, están más cerca de la muerte y nadie, tenga 20 o 60 años de edad, se siente cómodo pensando en la muerte de sus padres. De hecho tengo una foto yo solo en esa roca. Y unas cuantas con Ilija. Por suerte tenía a Amanda cerca, una de las cuatro australianas con quien pasé cuatro días y cuatro noches porque nos conocimos en una gasolinera donde su taxi y mi autobús cruzaron itinerarios. Y Amanda es una fotógrafa de %#&#ª§£. De hecho, una fotógrafa de moda de %#&#ª§£. El tipo de persona que nos garantiza una docena de bellas imágenes para la posteridad. Y realmente, las fotografías, son el mejor recuerdo de las vivencias. Y lo que guardo de este lago son cuatro australianas, con quienes después de intercambiar e-mails en un apeadero de Macedonia, quedé más tarde para cenar y de quienes me enamoré. Parece un poco extraño pero fue eso lo que pasó. Me enamoré de aquellas chicas. Y con ellas permanecí como si, en aquellos cuatro días, hubiese allí una especie de hermandad, y una de ellas, a veces, me contaba algo sobre otra, la misma que unas horas después me decía cualquier cosa sobre la “una de ellas” del principio de la frase. Y así, empezaba a sentir que también formaba parte de ese grupo. Que yo también estaría en la inauguración de la nueva casa de Karolina en Melbourne. Y creo que de todas las semanas que pase de viaje este verano, las semanas que pase con estas chicas fueron las más bonitas que viví. La sensación de encontrar a alguien que a la vez conocemos tan poco y aparentemente nos gusta tanto, es tal vez por su fugacidad, una de las más bonitas que jamás he sentido. Y hubo un momento bonito. Particularmente bonito. El de la despedida. Momento que no fotografié. Ni Amanda. Aunque, para ser sincero, me gustaría tener esta imagen grabada. No es que mi figura en bañador, con la camiseta colgando en la cintura, sombrero de paja y sandalias de plástico mereciese aparecer aquí. O la de las cuatro, sentadas en el desayuno, insistiendo en que me uniera a ellas en Grecia. Me gustaría tener ese momento guardado porque se que estaba feliz.  Porque dejaba un momento bonito, pero sospechaba que me metía en otro. En este caso en un coche con cuatro holandeses con quienes me monté hasta Belgrado y que me ahorraron muchas horas de tren y autobús. Cuatro holandeses que estaban boquiabiertos por los detalles que mi memoria había retenido de la Eurocopa del 88 (la única competición internacional de selecciones que Holanda ganó en fútbol). Cuatro holandeses que tenían un concurso debidamente elaborado con 256 participantes, desde cantantes y actrices conocidas de medio mundo, alguna que otra artista porno, unas cuantas celebridades holandesas e incluso la novia de uno de ellos. El concurso que elegiría allí ese día y en ese coche, “la tía mas buena del mundo”. Me dijo Laurens: "José, no te lo tomes mal pero no puedes participar en esta elección porque no conoces a las holandesas, no sería justo" "Claro que no" respondí, conteniendo la risa para no burlarme del tono serio con que mi nuevo amigo me comunicaba tan solemne decisión. Mi opinión fue registrada como el 5º y último factor de desempate, pero no conseguí generar suficiente lobby para evitar que Monica Belluci fuese eliminada en los cuartos de final. Viví todo esto hace más de un mes. Por algún motivo pensé que todavía no había llegado el día de escribir el texto sin el cual sabía que jamás publicaría esta fotografía. Por algún motivo fue necesario que me metiera en un tren en Oporto de vuelta a Lisboa y tener a siete señoras deliciosas (seguramente mayores que Ilija pero soy incapaz de llamarlas "viejas") metiéndose conmigo, para que, cuando una de ellas se refirió a mí como "señor" pensar:
- %£&#-$@, ¿esta vieja me llama “señor”? (al final si soy capaz...)
Como si estuviera ofendido, en la irracionalidad mas pura, por una supuesta anciana, en calidad de señora educada, me hizo sentir menos nuevo. Y luego, por la rudeza de mi pensamiento, me acordé de Ilija. Porque el nombre de este post estaba ya pensado desde el momento que lo fotografié. Recordé a Ilija, Amanda, Aneta, Karolina, Tash, Bas, Chiel, Kosse y Laurens. Y a muchos otros también. Y pensé. Esta señora amorosa a quien acabo de llamar vieja me recordó otra grosería que quiero cometer. Llamar viejo a Ilija. Ese señor simpático que conocí con las chicas de las que me enamoré en una cena junto al lago. Ilija, el señor que estaba en Kaneo, el punto más hermoso del lago Ohrid, en aquella roca frente a la casa donde nació su esposa. Su esposa, aquella señora que me había saludado desde la ventana. La madre del niño que, hace dos días, me escribió pidiendo las fotos que Amanda y yo habíamos hecho a su padre

lunes, 7 de octubre de 2013

Calanque de Sugiton

Katie

Cuando cogemos un tren​​ ​en Santa Apolónia (estación ferroviaria en Lisboa) mochila a cuestas, gorra en la cabeza y las zapatillas (que nos parecen) más ​​modas, no tenemos, por una media docena de buenas razones, la esperanza de poder alimentar una página de este genero.  Y, de hecho, la única razón por la que me detuve en Marsella fue la hora, cuyo avance, no me permitía llegar a tiempo a una de esas localidades que personifican la imagen típica del sur de Francia. Marsella debía haber sido el eslabón más débil de un viaje cuyos objetivos fueron fijados dos meridianos más allá. Pero Marsella es (y no se me ocurre nada mejor que asegurar, a pies juntillas, que es genuinamente) hermosa. Podrán llamarle sucia, chunga  o simplemente peligrosa (y, según parece, hay una buena dosis de estadísticas que sostienen, en orden creciente, cada una de estas afirmaciones). Pero es hermosa. Entiendo que coches con matricula francesa con  ocupantes que a muchos otros franceses les costaría llamar compatriotas, acelerando por calles estrechas, en plena madrugada, a la misma velocidad con la que entro en una auto pista no es, entre otras cosas, la mejor tarjeta de visita para la actual Capital Europea de la Cultura. Pero hay algo allí que va más allá de todo esto. Y, por mucho que les cueste a muchos franceses admitirlo, parte de la receta  surge precisamente de su aura magrebí. Y de su naturaleza mediterránea. Eso es como decir que las Calanques, esas formaciones de piedra caliza,  profundas y escarpadas, parcialmente sumergidas por el mar, son de las cosas más hermosas que he visto en toda mi vida. Tanto me fascinaron que, cuando me fui en dirección a Belgrado, estaba seguro de regresaría allí a la vuelta. Pero esta claro. Algo más me mantuvo allí. Claire, Anne-Sophie, una canadiense cuyo nombre ahora no recuerdo, Andrew, Sophia, Natalie y Katie, a quien, a media tarde, ya todo el grupo había elogiado el traje de baño. Y si aún me impacta más esta foto que la de la pareja de regreso a su velero (y me encantó esa pareja), es curioso como para mí, esta bella imagen de Katie, es apenas una muestra de todos los otros momentos que tengo guardados (unos valientes megabytes y criterios visuales debajo de esta imagen), del día de calor en las Calanques y de la cena que le siguió. Porque, cuando me metí en un vagón en Santa Apolonia, eran estos momentos los que buscaba. Los que favorecían el trato familiar con aparentes desconocidos a quienes nos dirigíamos como viejos amigos que propiamente por méritos estéticos. Katie fue, por así decirlo, una especie de sorpresa. Una hermosa sorpresa

miércoles, 2 de octubre de 2013

Hydra

Hydra

Los vi desde lejos. ¿Si dudé? Claro que dudé (imaginen mi moviendo los brazos y gritando). Pero grité. Bien alto. Como me oían pero no conseguían entenderme acabaron por acercarse. Y les dije, sin grandes explicaciones, que les quería hacer una fotografía. "Una gran fotografía" les aseguré categóricamente. Me dio tiempo para pasarles la tarjeta con mi email y hacer media docena de fotos. Perdón ... de grandes fotos

miércoles, 24 de julio de 2013

jueves, 11 de julio de 2013

La excepción de la regla

Filipa&Francisco

No son unos desconocidos. Son mi ahijado y su novia. No me los encontré por casualidad en la calle. Les llamé. Para esto